jueves, 30 de diciembre de 2010

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Dentro de escasas 24 horas estrenamos nuevo año. Otro año que se va, y ha sido largo, aunque ahora me parece que me he perdido 365 días sin darme cuenta. Suelo hacer un balance general, así que supongo que esta vez también. ¿Cómo definir este año...? He pasado momentos geniales, especiales, tristes, alegres. He llorado muchísimo, me he estresado como nunca y mi salud lo ha notado. Pero también me he reído como nunca. He cometido muchos errores, pero aún así no me arrepiento de ninguno de ellos, porque me ayudan a aprender más de mí misma, aunque esos errores no me definan en absoluto. Quiero pedir perdón, porque sé que he hecho daño y desde luego es algo que nunca he querido. Quiero dar las gracias a todos los que me han puesto una sonrisa en la cara este año, la mereciese o no, porque creo que ahí está la bondad y la benevolencia. Creo que ha sido el año en el que más errores he cometido, en el que más la he cagado y estrepitosamente, pero afortunadamente saco una lección de todo ello. Enfrento el 2011 con buenas espectativas. Entre mis propósitos están entrar en la Complutense en Comunicación Audiovisual, y no volver a dejarme pisar. Este año es para mí.

Me parece buena forma de despedir el 2010 con mi último descubrimiento, que me ha hecho reír y pasar en pocos segundos a llorar como si no hubiera un mañana. Empezó siendo un proyecto de arte de un tal Frank Warren en el que dejaba postales en sitios públicos instando a la gente a escribir algún secreto o algo y mandárselo de manera anónima. Ya ha publicado 4 libros con estas postales y cada domingo se publican más en la web. Creo que son los mejores libros del mundo.
Algunos post son los culpables de mi cambio de actitud. Gracias, desconocidos. Gracias, Frank.

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